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1.-

Los méritos son propios. El éxito se mide por los resultados. La estimación social, medida con instrumentos y variables estadísticas propala una lección: el compromiso debe ser de mayor esfuerzo en el tiempo. La gloria es efímera, la trayectoria y el valor agregado de la experiencia cotidiana son más valiosos cuando no se ponen límites a la vida.

Quiero agradecer el honor inmerecido de la amistad, porque, a ellos, los considero, mis amigos. Los conocí cuando integraban el grupo “Viento Joven” en el Colegio “San Francisco”. Participaron en el “I FESTIVAL INTERCOLEGIAL “JUVENTUD BOLIVIANA EN CONCIERTO BOLIVIANO” auspiciado por Radio Fides en 1988, realizado en la Plaza San Francisco de la ciudad de La Paz. Los volví a reencontrar hace 4 años en el Pub “Talichos”. Con un periodista de la Agencia “Reuters” coincidimos, luego de verlos actuar,  que ya representaban un formidable capital social musical. En ellos se podía inferir: “el competir o sucumbir”. La competitividad la asumieron como un compromiso con el país. Ellos ya expresaban la psiquis del nuevo boliviano que busca la excelencia boliviana.

Por un politólogo fueron definidos como “los jóvenes del diálogo intergeneracional”. Ellos acercaron, a su modo, a los niños, a los y las adolescentes, a los adultos y a la gente de la tercera edad. Su mérito: “son correas de transmisión de actitudes”.

Que pueden ser criticados o no, no interesa, porque los que denostan generalmente hacen nada o funcionan con luces prestadas. Los han “criticado” sin argumentos, con facilismos, poses elementales y mamotretos especulativos trogloditas. Pero, esa es otra historia.

Me precio de ser amigo de ellos, de bolivianos positivos, de bolivianos propositivos.

El sentimiento hecho canción y la canción convertida en frustración nació por el rompimiento de una relación interpersonal en que los principales activos son dos hermosos niños, el “Chiti Gabrielito” y la “Kachamocita”.

Esta canción sintetiza la dulce melancolía de la desilusión; explica la precariedad de la momentánea felicidad. Tiene una poderosa fuerza vital que devuelve la esperanza, transforma la amargura en dulce ironía y el dolor en ternura.

Una canción que nace de la veta del mal de amores que tiene un efecto terrible: la impotencia personal. No es una canción que naufraga en el lamento o la compasión mesurada. Otorga apoyo y es a la vez solidaria.

Qué admirable, unos collas interpretando un taquirari. Eso es integración y desbordan los límites mentales del regionalismo.

Bienvenida la primera canción.

En Concierto Boliviano de Fides, presentamos la canción No 1 del ranking 2003.

La composición pertenece a Humberto Rodríguez Guillén.

La excelencia boliviana de los jóvenes agraciados y admirados.

Los KACHAS..... PARA QUE TANTO AMOR!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

 

Texto:                  Saúl Alejandro Maldonado Pérez

Web master:        Anakarlem Mercado Zeballos “La Brujita”

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