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Yalo Cuellar se aferró a su guitarra y a sus convicciones en la adolescencia. El ex vendedor de “picolés” o helados, durante su infancia, en el Chaco boliviano, pergeño y definió su vida como un transmisor de la canción testimonial. Lo definimos como el empedernido viajero de la sutileza y la lírica amorosa. Lo definimos como un juglar boliviano de la esperanza, aquella que casi siempre se fractura en Bolivia porque la realidad es más inmensa que los sueños. Pero, ahí está ese generoso boliviano que nos ofrece actitud poética, actitud estética que nace de la sensación del esfuerzo por construir una sociedad solidaria con buen puntaje de autoestima personal y social. Que nadie crea que Yalo Cuellar escribe sobre el hambre sin haberla sufrido realmente, que nadie quiera encontrar fantasmas en su obra sin siquiera haberlos presentido. Hay una poseía habitada por esencias y dominada por presencias en las canciones de Yalo Cuellar.
Sras, Sres, presentamos una canción orgullo nacional que, en la última versión del Festival de Viña de Mar, en Chile, fue alabada por su cualidad de sollozar poéticamente al percibir en el fondo del corazón un silencio sepulcral. Agridulce es una especie de rumor soterrado de una hermosa e íntima ilusión que pretende irse para nunca más volver. EN EL PUESTO No. 18 DE CONCIERTO BOLIVIANO DE FIDES, UNA CANCIÓN QUE NO MALGASTA EL ORO DE LOS PENSAMIENTOS Y QUE TIENE UNA SUAVE DECANTACIÓN. “YALO CUELLAR”... “AGRIDULCE”.
Texto: Saúl Alejandro Maldonado Pérez
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